10 saboteadores – impulsores

Post «Nuevo tiempo, nuevo liderazgo» en la Columna Gasalla y Malfitano Cayuela
6 mayo, 2022

A veces nos resistimos a los cambios y nos da la sensación de que seguimos agarrados o condicionados por grandes fuerzas que nos impiden cambiar. Una cosa es saber qué hacer y otra muy distinta es realmente hacerlo.

Están los “10 saboteadores” de los que habla Shirzad Chamine que es muy positivo eliminar.

Estos 10 “saboteadores-impulsores” están anclados en nuestro sistema límbico y nos han servido para sobrevivir en donde se pretendía tener capacidad para luchar o huir. Ahora, sin embargo, es tiempo de avanzar y pensar en el desarrollo.

Los americanos nos hablan con frecuencia de la disyuntiva “flight” o “fight”. Tú tienes que elegir qué corresponde a cada momento.

Es esencial aprender a luchar contra estos “habitantes invisibles de nuestra mente” que nos condicionan en nuestro pensar; en nuestro sentir y en nuestro hacer. Como nuestros “Pepitos Grillo”.

  1. El “hipercrítico”: encuentra defectos en uno mismo, en los demás y en todo lo que le De ahí viene su negativismo. Siempre espera lo peor y lo exagera. Aparentemente disfruta descubriendo los fallos y tiene especial habilidad para hacerlo. Es un impulsor interno que tenemos que buscar, y suele encontrar con facilidad “la manchita” en la otra persona o en cualquier trabajo. Seguramente este impulsor está aliado con nuestro querido “reptiliano” que, en principio, nos ayuda a sobrevivir descubriendo los peligros, lo negativo y las amenazas.
  1. El “perfecto”: presiona a sí mismo y a los demás con una necesidad de perfección, orden y organización llevada al máximo que produce ineficiencia y además insatisfacción. ¡Qué difícil disfrutar con la sensación de haberlo hecho bien! Nunca es suficiente. Muchas veces nos han animado a ser perfectos sin tener en cuenta que la perfección casi siempre es enemiga de lo bueno, de lo eficiente. Otras veces es un impulso interior que nos lleva a buscar la perfección, lo cual, al no conseguirlo, hace que sea prácticamente imposible sentirse satisfecho de lo realizado. Es importante pues, ser consciente de cuál es el nivel de eficiencia exigido en cada realidad sin necesidad de buscar la perfección.
  1. El “complaciente”: siente que está obligado a intentar ganar aceptación y afecto volcándose en agradar y elogiar a los demás constantemente y a no negarse nunca a las peticiones de otros y con frecuencia se olvida de sí mismo. Este impulsor nos hace sentir mal si decimos “no” a cualquier petición que nos hagan. Nos hace sentir culpables de no responder de la forma que el otro espera. Nos da la sensación de no respetar y responder apropiadamente a la necesidad o deseo del otro.La pregunta clave es: ¿y qué sucede con nuestra necesidad, deseo o apetencia? ¿Quién está primero, el otro o uno mismo?
  1. La víctima (el “victimista”): “El que no llora no mama”. De todo reclama, de todo protesta…le gusta que le compadezcan, le gusta que piensen que está sufriendo más que los demás. Más que víctima es mejor llamarle “victimista”. El mundo se ha colocado en su contra. Todo lo malo le pasa a él o ella. Es el “quejica” por naturaleza. Le gusta, disfruta quejándose. Seguramente de pequeño lo hacía y conseguía lo que pretendía, atención de los demás. El problema de los “quejicas” es que rápidamente buscan a otros quejicas y conforman un núcleo de energía negativa que llamamos “quejido organizacional” en donde no aparecen ideas para resolver nada sino solamente lamentos, quejas y reclamos.
  1. El “poderoso”: le impulsa a desempeños y consecuciones constantes y cada vez más altas para conseguir respeto y valoración. Más y más. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta dónde? Es fuerte y tiene que demostrarlo. “Todo poderoso”. Aparece como un aceptador compulsivo de desafíos. Cuantos más mejor. Él puede con todo. Es su diferencial, su marca, su deber. Demostrar a todos que puede con todo y demostrárselo a sí mismo para sentirse bien. El problema que tiene es que con esa disposición siempre estará cerca del precipicio. Le resulta casi imposible el aceptar su vulnerabilidad.
  1. El “hiper-racional”: todo exige ser pasado por el filtro de lo racional, de la lógica, incluso todo tipo de relacionamiento con otras personas. Las emociones son un peligro y así se suele percibir como una persona fría, con argumentos que justifican y explican todo lo que le sucede o todo lo que hace o deja de hacer.
  1. El “hiper-vigilante”: se propone estar continuamente en estado de alerta sin poder descansar. Desconfiando de lo que sucede alrededor, de un futuro mejor, de conseguir justicia o cualquier otro propósito vital. Está a la defensiva para esperar lo peor y poder defenderse. Buscando siempre el control del control del control…Está claro que confía poco en los demás y seguramente poco en sí mismo.
  1. El “apresurado”: está constantemente en busca de emociones cada vez mayores que la anterior buscando actividades una tras otra intentando mantenerse siempre ocupado. Busca la adrenalina como motor vital. Es impulsado al movimiento continuo. Más que activo es un activista. A todo le mete velocidad. “Apresúrate” es su mandato interior que hace que para él la vida implique un movimiento continuo, parece como si tuviese un “molinillo en su trasero”. Como la mayoría de los “saboteadores-impulsores” su posible acción negativa no actúa solamente sobre el que lo padece sino en todos alrededor. Son tremendamente contagiosos sobre todo si el que lo padece ocupa una posición de poder sobre otros. Se perciben como que van demasiado deprisa…hacia ningún sitio.
  1. El “controlador”: impulsa a moverse por una necesidad ansiosa de estar al mando, controlar situaciones y dirigir las acciones de los demás de acuerdo a su voluntad. Tiene que estar en todo y en cada situación. Su confort es su control. Es omnipresente en cualquier lugar. Hay que contar con él para todo, lo cual ocasiona “cuellos de botella”, lentitud y la percepción de falta de confianza. La delegación para él prácticamente no existe o se hace muy difícil.
  1. El “huidizo”: sólo quiere ver lo positivo y lo placentero de una manera extrema. Evita todo tipo de conflictos. No los quiere ver, ni cualquier dificultad que le pueda aparecer en el camino. Aplaza las decisiones críticas. Abandona y deja hacer, sin querer que se le vea cuando los problemas aprietan. Se deja llevar a un “mundo feliz” que intuimos que no es así, pero… Le aterra cualquier enfrentamiento. Tiene muy claro que su disposición es la de “escapar de la guerra”, volar. Prefiere perder a tener que enfrentarse.

 

Estos “saboteadores impulsores” actúan de forma inconsciente y surgen en momentos de tensión, fracaso, desesperación… momentos en que nos han enseñado que hay que protegerse más y que nos impiden ver lo positivo y las oportunidades que surgen continuamente.

Pero no sólo en esos momentos, hay personas que tienen algunos de ellos tan arriesgados que surgen continuamente en el día a día. Son parte muy significativa de su personalidad.

Es como si los “saboteadores” nos creasen una “meta-realidad” muy difícil de gestionar y salir airosos de esa gestión. Cada uno de ellos disputa nuestra eficiencia. Son creencias inconscientes que se “disparan” y ciegan a nuestra consciencia.

El trabajo está en identificar en qué nivel tenemos estos “saboteadores-impulsores” todavía dentro de nosotros y cómo podemos ir aplicando nuestra consciencia para ver una realidad más positiva, con más porvenir y más confianza.

José María Gasalla
José María Gasalla
Conferenciante, escritor y Profesor de Deusto Business School. Ingeniero Aeronáutico, Doctor en C. Enonómicas y Empresariales. Diploma de Estudios avanzados en Psicología Social. Línea de investigacion “Confianza y Compromiso”, Presidente del grupo “Desarrollo Organizacional” y “Talentum”. Co-director del Máster de Coaching Ejecutivo en DEUSTO Business School. Evaluador del proceso de acreditación de Coach profesionales, senior y ejecutivos de AECOP (Asociación Española de Coaching).

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